Las comunidades chiquitanas están cansadas de
perder dinero por los incendios. El café, producto que exportan, es víctima de
las llamas. Los productores se están formando como bomberos forestales
Su enemigo
regresa cada año, pero José Barequí ya no está solo en su lucha contra el
fuego. Este productor chiquitano siembra hectárea y media de café cada año.
Encabeza una de las 1.500 familias del proyecto Minga, que nació en 1994 con
agricultores de San Ignacio y San Rafael. Ahora están dispersos en varias
comunidades de la zona, como Candelaria.
El año pasado, por ejemplo, se
quemaron nueve hectáreas de sembradíos. Fueron 11 los productores afectados. Lo
triste del caso es que se trataba de plantas que ya tenían tres años, por lo
tanto, estaban empezando a producir. Durante ese lapso los agricultores
hicieron el mantenimiento a los plantines y esperaban ansiosos, con las plantas
ya maduras, ver los primeros frutos de su trabajo. Cada planta de café puede
rendir granos durante 15 ó 20 años. Lamentablemente, en una propiedad ganadera
cercana quemaron los pastizales y el fuego se propagó. Impotentes, los
afectados vieron cómo su esfuerzo era consumido por las llamas. Poco podían
hacer para luchar contra la candente voracidad que año a año es desatada por
los chaqueos y quemas. Quedaron decepcionados. José Barequí perdió media
hectárea.
Es comprensible que los agricultores pongan sus esperanzas en este grano.
Después de mucho esfuerzo, los productores han logrado certificar su producto,
es decir, contar con un sello que garantiza su calidad de ‘producto biológico',
libre de agroquímicos. La organización Gepa es la encargada de esa
certificación, que les ha permitido exportar a Alemania, uno de los más entusiastas
compradores de productos orgánicos. Desde hace una década, en ese país, se
abren un promedio de 40 supermercados de productos orgánicos por año. Según un
informe de la Organic
Retailer Association, este comercio especializado ha llegado
ya a un 30% del mercado, y continúa en crecimiento. Por eso, los 53.000 kilos
que se produjeron este año en la
Chiquitania fueron enviados en contenedores a ese voraz
mercado. Según explica Jesús Morón, responsable de la certificación del café y
prevención de incendios en Minga, se obtiene una variedad llamada café
pergamino. Cuando se saca la envoltura o chalita, se consigue el café verde
oro, que es el que se toma en Europa.
LAS LLAMAS LLEGAN AL BOLSILLO
Resulta un incentivo el pago de $us 241 que se recibe por cada saco de cien
libras -69 kilos- que paga Alemania. En relación con la bolsa de Nueva York,
que puede registrar un precio que oscila entre $us 60 y $us 70, el precio
resulta más que conveniente. Esta diferencia se explica en los bonos de mercado
solidario y de comercio justo que el europeo paga sin problema, movido por su
conciencia social.
Todo eso está en riesgo cada año, debido al fuego. Cada año, la pérdida supera
las 30 hectáreas.
Eso ocasiona variaciones en los volúmenes de producción, con lo que los compradores
se ponen quisquillosos y pueden decidir dejar de comprar (como broma, dicen en
Alemania que pueden faltar salchichas, pero no café).
El trabajo de Morón es clave. Dejó de sembrar para dedicarse por entero al
trabajo de certificación y control de incendios. Este sistema ha involucrado al
gobierno departamental y a cada una de las unidades forestales municipales, que
son las encargadas de vigilar el uso adecuado de los recursos forestales y de
incentivar la aplicación de quemas controladas. Gracias al sistema, se han
conformado comités interinstitucionales para controlar el fuego. En la Chiquitania participan
la Policía,
el Regimiento Warnes, la asociación de ganaderos y tres asociaciones indígenas.
También prestan su apoyo el Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) y la FCBC (Fundación para la Conservación del
Bosque Chiquitano).
Actores principales en este trabajo son los funcionarios de la Dirección de Manejo de
Recursos Naturales de la
Prefectura. Es fácil ver el grado de motivación que existe en
este equipo. En las entrevistas, se nota que todos manejan la misma
información, detallan los criterios de acción y conocen al dedillo las
estadísticas.
Esteban Cardona es el responsable del Programa de prevención y control de
incendios forestales de la Prefectura. Aunque se aplica con más intensidad
desde 2006, el trabajo empezó en 1999, poco después del catastrófico incendio
en Guarayos (ver notas adjuntas).
Minga pidió que este programa los capacite para sofocar su principal problema.
Pidieron 30 talleres en diferentes comunidades. En la provincia Velasco, por
ejemplo, se dictaron 23 talleres de sensibilización, en cinco municipios; en
Guarayos se dictaron 22, en seis municipios. El trabajo se ha extendido a las
15 provincias.
Durante el taller se habla de la importancia del bosque. Se destaca la forma de
obtener beneficios de él (frutos, madera, captura de carbono, abrigo, etc.).
Eso es importante, porque muchos pobladores de las comunidades se preguntaban;
"¿Para qué vamos a conservar el bosque?¿Para los gringos?". Ese importante
taller continúa luego con la sensibilización a través de medios de
comunicación. Los municipios contratan a los medios locales para difundir cuñas
radiales en las que se habla de la importancia de la biodiversidad. Una segunda
actividad es el curso de bomberos forestales. En diferentes comunidades se
realiza esta actividad, que dura tres días. Es un curso intensivo. Los futuros
bomberos se aíslan durante ese lapso para aprender cómo atacar el fuego.
Emilse Cayuba Tamo, del pueblo mojeño, asentado en la reserva forestal Choré,
completó la instrucción en el Centro Patiño, en Santa Cruz. Aprendió, por
ejemplo, que al dispersarse, el fuego lo hace en diferentes direcciones,
formando figuras parecidas a los dedos de una mano extendida.
Roberto Juchasara, ingeniero y experto en combate contra el fuego, viaja
constantemente por las comunidades para impartir sus conocimientos. Lo primero
que hace es explicar una sigla vital: OCES. Son las iniciales de Observación,
Comunicación, Escape y Seguridad. Esos cuatro factores son los que se deben
ejecutar en el momento de encarar un incendio. "El fuego es traicionero. El
rato menos pensado, la persona puede quedar rodeada. Por eso debe pensarse
siempre en una vía de escape", aclara. Siempre debe haber un puesto de
observación, una vía de comunicación y un área de seguridad para trabajar.
Aprenden conceptos como ‘cabeza del fuego' y la forma de atacar las llamas.
"Siempre se debe hacer de costado", dice Emilse, recordando la instrucción.
El gran problema en el bosque es que se debe sofocar las llamas sin tener agua.
Por eso, cada brigada de bomberos recibe un lote de herramientas contra
incendios. Son de seis tipos: un rastrillo azadón, una picota hacha o pulasky,
un machete, palas forestales, rastrillos y matafuegos.
El matafuegos, como se ve en la foto principal, son varas largas con láminas de
plástico resistente que ahogan las llamas. Si no se pueden usar estas varas, se
usan ramas. El equipo de protección también es importante. Las brigadas reciben
cascos, camisas, pañoletas y gafas.
Hasta ahora, se han formado brigadas de emergencia en Guarayos, San Ignacio,
San José de Chiquitos, Roboré, Puerto Suárez, El Carmen Rivero Tórrez,
Vallegrande, Camiri y Charagua. "Es fácil sofocar el incendio cuando está
empezando. Por eso es importante que las brigadas estén en el lugar, para
reaccionar rápidamente", comenta Esteban Cardona. José María Vargas es
productor de la zona chiquitana y, recientemente, bombero. Aprendió a hacer
barreras de protección con los azadones que recibió y limpia zonas de seguridad
alrededor de los chacos para que el fuego no cruce al monte. Las 15 familias de
la comunidad Totaicito, a 15
kilómetros de San Ignacio, tendrá menos posibilidades de
perder dinero por culpa del fuego, gracias a la capacitación que están
recibiendo los comunitarios.
Cifras
923
Maestros siguieron el curso taller Previniendo los incendios forestales desde
las escuelas. Se les otorga cartillas y material audiovisual para aplicar en el
aula. El curso se impartió en 13 provincias.
8.483
Fueron los asistentes a los talleres de sensibilización sobre la importancia
del bosque y el peligro de los incendios. En Guarayos, Ñuflo de Chávez y
Chiquitos hubo más beneficiarios.
307.000
Es la cantidad de hectáreas que se quemaron el año pasado. Fueron menos que en
2007, cuando ardieron 2,5 millones de hectáreas.
84%
Es la reducción en el área afectada por el fuego. Los puntos de calor que
detectaron los satélites bajaron de 18.600 en 2007 a 13.490 en 2008.