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PROGRAMA DE PREVENCION CONTROL Y REHABILITACION DE INCENDIOS FORESTALES

 
antito_left.gifEl programa comprende los siguientes componentes:
Componente1.- Identificación de responsabilidades a los actores productivos.
Componente2.- Difusión y Comunicación.
Componente3.- Sistema de alerta temprana contra incendios forestales.
Componente4.- Control de Incendios Forestales.
Componente5.- Protección de la fauna silvestre.
Componente6.- Restauración de áreas dañadas por incendios Forestales.
PROGRAMA DE INCENDIOS 2006 2010 PROGRAMA DE INCENDIOS 2006 - 2010 (1.35 MB)
 

Consulte la base de datos de monitoreo de quemas

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Fuego . Las comunidades aprenden a enfrentarlo PDF Imprimir E-Mail
Friday, 05 de September de 2008

Las comunidades chiquitanas están cansadas de perder dinero por los incendios. El café, producto que exportan, es víctima de las llamas. Los productores se están formando como bomberos forestales

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Su enemigo regresa cada año, pero José Barequí ya no está solo en su lucha contra el fuego. Este productor chiquitano siembra hectárea y media de café cada año. Encabeza una de las 1.500 familias del proyecto Minga, que nació en 1994 con agricultores de San Ignacio y San Rafael. Ahora están dispersos en varias comunidades de la zona, como Candelaria.


El año pasado, por ejemplo, se quemaron nueve hectáreas de sembradíos. Fueron 11 los productores afectados. Lo triste del caso es que se trataba de plantas que ya tenían tres años, por lo tanto, estaban empezando a producir. Durante ese lapso los agricultores hicieron el mantenimiento a los plantines y esperaban ansiosos, con las plantas ya maduras, ver los primeros frutos de su trabajo. Cada planta de café puede rendir granos durante 15 ó 20 años. Lamentablemente, en una propiedad ganadera cercana quemaron los pastizales y el fuego se propagó. Impotentes, los afectados vieron cómo su esfuerzo era consumido por las llamas. Poco podían hacer para luchar contra la candente voracidad que año a año es desatada por los chaqueos y quemas. Quedaron decepcionados. José Barequí perdió media hectárea.


Es comprensible que los agricultores pongan sus esperanzas en este grano. Después de mucho esfuerzo, los productores han logrado certificar su producto, es decir, contar con un sello que garantiza su calidad de ‘producto biológico', libre de agroquímicos. La organización Gepa es la encargada de esa certificación, que les ha permitido exportar a Alemania, uno de los más entusiastas compradores de productos orgánicos. Desde hace una década, en ese país, se abren un promedio de 40 supermercados de productos orgánicos por año. Según un informe de la Organic Retailer Association, este comercio especializado ha llegado ya a un 30% del mercado, y continúa en crecimiento. Por eso, los 53.000 kilos que se produjeron este año en la Chiquitania fueron enviados en contenedores a ese voraz mercado. Según explica Jesús Morón, responsable de la certificación del café y prevención de incendios en Minga, se obtiene una variedad llamada café pergamino. Cuando se saca la envoltura o chalita, se consigue el café verde oro, que es el que se toma en Europa.

LAS LLAMAS LLEGAN AL BOLSILLO


Resulta un incentivo el pago de $us 241 que se recibe por cada saco de cien libras -69 kilos- que paga Alemania. En relación con la bolsa de Nueva York, que puede registrar un precio que oscila entre $us 60 y $us 70, el precio resulta más que conveniente. Esta diferencia se explica en los bonos de mercado solidario y de comercio justo que el europeo paga sin problema, movido por su conciencia social.
Todo eso está en riesgo cada año, debido al fuego. Cada año, la pérdida supera las 30 hectáreas. Eso ocasiona variaciones en los volúmenes de producción, con lo que los compradores se ponen quisquillosos y pueden decidir dejar de comprar (como broma, dicen en Alemania que pueden faltar salchichas, pero no café).


El trabajo de Morón es clave. Dejó de sembrar para dedicarse por entero al trabajo de certificación y control de incendios. Este sistema ha involucrado al gobierno departamental y a cada una de las unidades forestales municipales, que son las encargadas de vigilar el uso adecuado de los recursos forestales y de incentivar la aplicación de quemas controladas. Gracias al sistema, se han conformado comités interinstitucionales para controlar el fuego. En la Chiquitania participan la Policía, el Regimiento Warnes, la asociación de ganaderos y tres asociaciones indígenas. También prestan su apoyo el Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) y la FCBC (Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano).


Actores principales en este trabajo son los funcionarios de la Dirección de Manejo de Recursos Naturales de la Prefectura. Es fácil ver el grado de motivación que existe en este equipo. En las entrevistas, se nota que todos manejan la misma información, detallan los criterios de acción y conocen al dedillo las estadísticas.


Esteban Cardona es el responsable del Programa de prevención y control de incendios forestales de la Prefectura. Aunque se aplica con más intensidad desde 2006, el trabajo empezó en 1999, poco después del catastrófico incendio en Guarayos (ver notas adjuntas).
Minga pidió que este programa los capacite para sofocar su principal problema. Pidieron 30 talleres en diferentes comunidades. En la provincia Velasco, por ejemplo, se dictaron 23 talleres de sensibilización, en cinco municipios; en Guarayos se dictaron 22, en seis municipios. El trabajo se ha extendido a las 15 provincias.


Durante el taller se habla de la importancia del bosque. Se destaca la forma de obtener beneficios de él (frutos, madera, captura de carbono, abrigo, etc.). Eso es importante, porque muchos pobladores de las comunidades se preguntaban; "¿Para qué vamos a conservar el bosque?¿Para los gringos?". Ese importante taller continúa luego con la sensibilización a través de medios de comunicación. Los municipios contratan a los medios locales para difundir cuñas radiales en las que se habla de la importancia de la biodiversidad. Una segunda actividad es el curso de bomberos forestales. En diferentes comunidades se realiza esta actividad, que dura tres días. Es un curso intensivo. Los futuros bomberos se aíslan durante ese lapso para aprender cómo atacar el fuego.


Emilse Cayuba Tamo, del pueblo mojeño, asentado en la reserva forestal Choré, completó la instrucción en el Centro Patiño, en Santa Cruz. Aprendió, por ejemplo, que al dispersarse, el fuego lo hace en diferentes direcciones, formando figuras parecidas a los dedos de una mano extendida.


Roberto Juchasara, ingeniero y experto en combate contra el fuego, viaja constantemente por las comunidades para impartir sus conocimientos. Lo primero que hace es explicar una sigla vital: OCES. Son las iniciales de Observación, Comunicación, Escape y Seguridad. Esos cuatro factores son los que se deben ejecutar en el momento de encarar un incendio. "El fuego es traicionero. El rato menos pensado, la persona puede quedar rodeada. Por eso debe pensarse siempre en una vía de escape", aclara. Siempre debe haber un puesto de observación, una vía de comunicación y un área de seguridad para trabajar. Aprenden conceptos como ‘cabeza del fuego' y la forma de atacar las llamas. "Siempre se debe hacer de costado", dice Emilse, recordando la instrucción.


El gran problema en el bosque es que se debe sofocar las llamas sin tener agua. Por eso, cada brigada de bomberos recibe un lote de herramientas contra incendios. Son de seis tipos: un rastrillo azadón, una picota hacha o pulasky, un machete, palas forestales, rastrillos y matafuegos.


El matafuegos, como se ve en la foto principal, son varas largas con láminas de plástico resistente que ahogan las llamas. Si no se pueden usar estas varas, se usan ramas. El equipo de protección también es importante. Las brigadas reciben cascos, camisas, pañoletas y gafas.
Hasta ahora, se han formado brigadas de emergencia en Guarayos, San Ignacio, San José de Chiquitos, Roboré, Puerto Suárez, El Carmen Rivero Tórrez, Vallegrande, Camiri y Charagua. "Es fácil sofocar el incendio cuando está empezando. Por eso es importante que las brigadas estén en el lugar, para reaccionar rápidamente", comenta Esteban Cardona. José María Vargas es productor de la zona chiquitana y, recientemente, bombero. Aprendió a hacer barreras de protección con los azadones que recibió y limpia zonas de seguridad alrededor de los chacos para que el fuego no cruce al monte. Las 15 familias de la comunidad Totaicito, a 15 kilómetros de San Ignacio, tendrá menos posibilidades de perder dinero por culpa del fuego, gracias a la capacitación que están recibiendo los comunitarios.

 

  Cifras 

923
Maestros siguieron el curso taller Previniendo los incendios forestales desde las escuelas. Se les otorga cartillas y material audiovisual para aplicar en el aula. El curso se impartió en 13 provincias.

8.483
Fueron los asistentes a los talleres de sensibilización sobre la importancia del bosque y el peligro de los incendios. En Guarayos, Ñuflo de Chávez y Chiquitos hubo más beneficiarios.

307.000
Es la cantidad de hectáreas que se quemaron el año pasado. Fueron menos que en 2007, cuando ardieron 2,5 millones de hectáreas.

84%
Es la reducción en el área afectada por el fuego. Los puntos de calor que detectaron los satélites bajaron de 18.600 en 2007 a 13.490 en 2008.


 

 
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